La sociedad y el hombre postmodernos
Si se les pregunta a los postmodernos sobre el proyecto de hombre
y sociedad que presentan, van a decir que eso es volver a caer en el
metarrelato y en la palabra con mayúscula. No existe tal definición.
Esto no excluye que estudiando sus críticas y deseos aparezca un tipo
de hombre y sociedad que resumo en estos puntos.
3.1. Desencanto de la razón
La razón moderna con su defensa de la objetividad, de lo
incondicionado y absoluto ha tiranizado la vida. Por eso hay que
cambiar el rumbo. Hay que descubrir la subjetividad como guía, la
fragmentariedad como criterio. La verdad no es verificación sino algo
tan débil como el «Yo, aquí y ahora, digo esto».
El sentimiento y no la razón unilateral debe orientar el tiempo
nuevo. Hay que seguir a A. Findielkraut cuando dice: «Vivimos en la
hora de los sentimientos; ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni
invención, belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres,
diferentes e iguales. La democracia que implica el acceso de todos a
la cultura, se define ahora por el derecho de cada cual a la cultura de
su elección». El sentimiento significa expresión, aceptación de
pequeñas verdades no por su objetividad sino por consentir.
RAZON/DESENCANTO: Hay que celebrar el desencanto de la
razón moderna. Hay que sacar con alegría el pañuelo y despedir un
tiempo de búsqueda orgullosa e infructuosa. Tiene razón Lipovetsky
cuando dice: ««Dios ha muerto, las grandes finalidades se apagan,
pero a nadie le importa un bledo: esta es la gran novedad».
Se acabó felizmente la búsqueda casi neurótica de la verdad. Nos
hemos librado con ello del peligro que significaba la imposición
totalitaria del pensador o científico de turno que creía haberla
encontrado. Renunciar a las grandes verdades, a las palabras con
mayúscula es volver a gozar del politeísmo de experiencias e
interpretaciones. Nada ni nadie es imprescindible. Ahora, lo mejor
posible.
3.2. La desfundamentación
Los metarrelatos dadores de sentido son falsos. Sólo cabe el vacío,
el caos, la dispersión y la falta de fundamento.
La Historia con mayúscula es un engaño. Ha sido inventada por los
historiadores para justificar y dar coherencia a los acontecimientos.
Solamente existen historias pequeñas y sin rumbo. No hay gran
marcha sino vagabundeo, pequeños caminos de seres pequeños que
caminan como buenamente pueden. No se sabe hacia donde se
camina pero al menos no hay alienación y engaño.
3.3. La estetización general de la vida
Si el pasado no tiene relevancia y el futuro es sombrío lo único que
cuenta es el hoy. Fallaron los modernos al sacrificar su presente
preparando el futuro. El postmoderno es presentista. Estamos en el
tiempo del «ya», del «carpe diem». La Felicidad futura, el Progreso, Ia
Revolución y otros lemas similares son agua pasada.
Como no hay compromiso ni con el pasado ni con el futuro, como
no hay vinculación alguna con nada ni con nadie es natural que la
ética dé paso a la estética. Se acabaron los compromisos con
mayúscula. Nada está prohibido. Hay que transformar los deseos de
cambiar el mundo por los de dedicarse a cantar la alegría de vivir «No
hay nada que hacer; por tanto, no hagamos nada».
En lo único que vale la pena perder energías es en la realización
personal. El culto al cuerpo, el sentirse a gusto en la propia piel, lo
guapo, el pasarlo bien, lo novedoso se convierte en algo fundamental.
Estamos en la obsesión por lo personal. La juvenilización, los viajes,
las terapias, las dietas, el fin de semana frenético y agotador han
sustituido al compromiso y a la preocupación del ser auténtico. Ahora,
a vivir. Al otro, que le parta un rayo.
3.4. El individuo fragmentado
Si el sentimiento es lo que priva y la razón es rechazada como
dogmática y totalitaria, el individuo postmoderno va a dejarse guiar
por la desintegración y la fragm~ntación.
Su proyecto vital no obedecerá a una coherencia sino a una
conveniencia. Todo debe ser débil. Hay que huir de todo compromiso
que pueda engendrar dolor y dependencia. El amor duradero mata al
amor. Los compromisos fuertes hacen vulnerables a las personas. El
individuo tiene al grupo no el grupo al individuo, cuando aquel no
interese, lo mejor es marcharse.
El hombre moderno se identificó con Prometeo, el que robó a los
dioses el fuego para entregarlo a los hombres. El fuego nuevo era la
ciencia que permitiría al hombre ser dueño del universo.
Los existencialistas prefieren a Sísifo. Condenado por los dioses a
subir una enorme piedra a la cima de una montaña, veía como la
piedra volvía a rodar de nuevo al fondo cada vez que intentaba
subirla. De este modo se sentía el europeo de postguerras al
reconstruir, una y otra vez, su vida y su casa.
Narciso será el personaje mítico postmoderno. Simboliza la
juventud, la felicidad inmediata, la vida a tope. ¿Para qué soñar
futuros vanos y subir esfuerzos que son fracasos? Dejemos la piedra
en su sitio, que se queden los dioses con su fuego Y que nos dejen
vivir en paz.
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