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viernes, 7 de diciembre de 2012

La nueva vision del Postmodernismo(Diciembre 2012)

El pensamiento postmoderno no constituye, propiamente hablando, una concepción del mundo, sino una multiplicidad de ellas.1) Según Fredric Jameson, profesor de Cornell University (USA), un signo típico de que se está ante un pensamiento de corte postmodernista es la cuestión de la “sordera histórica”. Este rasgo se constituye en un elemento clave a la hora de conceptualizarlo. El hombre postmoderno ha olvidado cómo se piensa históricamente, y esto produce grandes dificultades al intentar medir la temperatura de algo que ni siquiera podemos asegurar que sea una “época.
2))Un síntoma clave del pensamiento postmoderno es la negación del tiempo como una dimensión explicativa de los hechos. Por el contrario, en las Sagradas Escrituras se presenta a los eventos históricos unidos teleológicamente, siguiendo un curso definido, con significado y propósito. La visión bíblica del tiempo está gobernada por una filosofía de la historia cuyo tema central es el conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. Esta visión del tiempo tiene hitos reconocibles: la creación, la caída, el pacto, Cristo, la obra de la redención, el juicio investigador, y la segunda venida de Cristo con su consecuente retribución de castigos y recompensas, la seguridad de un fin y de un nuevo comienzo. Esta “sordera histórica” padecida por el Postmodernismo niega la relevancia de la línea histórica bíblica y la veracidad de sus eventos principales. Así, si la historia ya no tiene valor, tampoco los hechos que la determinan.
El pensamiento postmoderno está demasiado preocupado con el presente, sin sentir ninguna necesidad de raíces históricas o de un destino atrayente. Esta irrelevancia de la historia y del destino produce una superficialidad que permea la cultura postmoderna a partir de sus principales notas: un culto de la imagen y del simulacro, el ordenamiento de una vida que gira en torno a la tecnología, se entreteje a partir de una retórica del mercado y que ha impuesto su lógica del consumo frenético, un nuevo suelo emocional, directa consecuencia de un galopante irracionalismo gestado a partir de la negación de la Modernidad y sus productos. El resultado es lo que Jean F. Lyotard 3) llama una negación de las “narrativas maestras” —programas racionales “que cantaban las esperanzas y la fe en la liberación de la humanidad”
4)Así, mientras el Postmodernismo puede haber sufrido una pérdida radical en lo que éste ha rechazado, ha establecido para sí mismo otros grandiosos proyectos socioculturales, apoyados sobre una fuerte base político-religiosa.
El radical desprestigio en que caen los proyectos utópicos durante la Postmodernidad ve cumplida su complementación, por un lado, en la imposición de proyectos socioculturales —efectivamente “reales”— insuflados por fuertes fundamentalismos político-religiosos y, por otro lado, proyectos globalizantes, también marcadamente ideológicos (por más que la idea del “fin de la historia” pretenda negar la existencia de las ideologías predicando su muerte), y sosteniéndose en el espacio central que ha adquirido la economía en el mundo. Este último tipo de proyecto, más comúnmente conocido como el “Nuevo Orden Mundial”, se presenta como democrático y pluralista en materia de religión, pero de alguna manera se las ha rebuscado para fundirse en un único y hegemónico movimiento de ideas cuya arista cultural-religiosa no es otra que la Nueva Era.
5)A estos elementos centrales que hemos consignado como constituyentes de la Postmodernidad cabe agregar algunos otros, de índole antropológica y social. La mentalidad vigente en la sociedad postindustrial se configura por su visión fragmentada de la realidad, una orientación pragmático-operacional, antropocentrismo y relativismo, atomismo social y una fuerte tendencia hedonista, caracterizada por la constante búsqueda del placer, el fin de la “ética del deber una renuncia al compromiso y la responsabilidad y el “desenganche institucional a todos los niveles: político, ideológico, religioso, familiar, etc.”
6)En su celo por atacar el secularismo y el frío racionalismo que trajo la Modernidad, la Postmodernidad resalta el rol de las emociones, los sentimientos y la imaginación. Los efectos sociales y culturales de la Modernidad se tornan claramente evidentes: un medio ambiente natural que muere, seres humanos alienados, privados de libertad real, un galopante incremento de la pobreza y la delincuencia, la carencia de identidad individual y nacional como efecto de la política mundial de bloques. Ante esto, ¿qué tiene para ofrecer el Postmodernismo? Un movimiento contracultural que va en busca de gratificaciones inmediatas y no diferidas, una irracionalidad puesta de manifiesto en nuevas formas de conocimiento, liberación sexual y la anarquía como norma social.
7)Mientras tanto, la ciencia también cambia su paradigma y abandona el modelo empirio-racionalista que aspiraba a la universalidad y a la objetividad absoluta del conocimiento. Como resultado, adquiere un carácter probabilístico y pasa a depender más que nunca del ojo del observador. La ciencia actual, luego de la desmitologización epistemológica, ya no es aquel terreno firme y seguro de antaño. Todo esto lleva al científico a encontrarse tal como el hombre de la calle frente al misterio de la realidad, situación epistemológica que favorece la apertura de la conciencia hacia otras dimensiones y las cuestiones últimas. Pensemos por un momento en el impacto que tales ideas pudieron ocasionar en el origen de los conceptos pseudocientíficos que integran la Nueva Era, tales como las medicinas alternativas y la astrología, por ejemplo. En este sentido, la relación entre Postmodernismo y Nueva Era se establece especialmente a partir de la vulgarización de las ideas postmodernas. Parte de éstas han ocasionado en el mundo, que en definitiva no se rige intelectualmente, tendencias que confluyeron y se plasmaron en una nueva (vieja) religiosidad.

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