Siendo la Postmodernidad una crítica de la modernidad; y ésta a su vez una crítica del
cristianismo tradicional, estructuramos nuestro trabajo en función de tres ejes: geocentrismo judeo-
cristiano, antropocentrismo de la modernidad y nihilismo postmodernista. Con otras palabras,
rastreamos primero la presencia del mundo postmoderno en la modernidad, para posteriormente,
confrontar esas dos realidades que se llaman postmodernidad y cristianismo.
1. El Geocentrismo judeo-cristiano
La modernidad viene caracterizada por un “proceso de racionalización”. Las raíces de ese
proceso se hunden en el “humus” judeo-cristiano, que vierte en el mundo occidental un germen de
racionalidad y de comprensión del mundo y de la historia que es típico de esa cultura. La creencia
en Yahvé marca la concepción de la realidad como creación, finitud y disponibilidad en un tiempo
abierto hacia delante. El paso a través del mundo heleno matizará racionalmente esa concepción,
que estructurará el mundo en función de este principio: “Dios medida de todas las cosas”.
Indicamos algunos de los rasgos de ese rostro de Dios.
2. El antropocentrismo de la modernidad
Al hombre del Renacimiento no le convencen los planteamientos socio-culturales del
judeo-cristianismos que recibe a través de la Edad Media y por ello se lanza a la arriesgada
aventura de crear una nueva cultura. En esa nueva cultura Dios va a ser desplazado por el hombre.
Del “Dios medida de todas las cosas” se pasa al “hombre medida de todas las cosas”. La
Antropología desplaza a la Teología. Dicho de otra manera, en la Edad Media lo “sagrado”
absorbía a lo “profano”, ahora ocurrirá a la inversa. Más aún en la fase final del proceso de
secularización se tiende a reducir todo lo existente al mundo profano, suprimiendo incluso la idea
de Dios.
2.1. El acontecimiento cultural moderno
La Edad Moderna es el tiempo de la soberanía del hombre. Este se convierte en verdadero
protagonista de la historia. Impulsado por la marcha de los acontecimientos, se lanza con osadía al
asalto del trono de Dios. Las funciones anteriormente atribuidas a la divinidad: creación del mundo
y de las cosas, poder legislador, problema de la salvación del hombre, etc., pasan a ser
competencia del ser humano. Este, en el fondo, se diviniza o endiosa.
El hombre moderno se define desde la racionalidad instrumental y funcional. Tiende a ver
el mundo desde el interés técnico, que ofrece el lado objetivo y manipulante de las cosas. Desde
este enfoque todo aparece medio, instrumento y objeto. Todo está orientado a otra cosa, en una
cadena instrumental sin fin. La cosmovisión moderna ofrece una pluralidad de visiones, que
provoca una relativización de toda concepción del mundo y un déficit de identidad y sentido
personales. El universo de la modernidad vive penetrado por la potencialidad de la innovación
científica-técnica. Se vive la realidad desde el futuro sin el diseño de las nuevas y futuras
tecnologías. Se sueña con la superación de todas las miserias humanas por medio de la técnica. El
“todo es posible para la ciencia”, proporciona una actitud positiva ante el cambio y la visión
esperanzada, de que todo puede ser manipulable y mejorable. El individuo vive en la expectativa
de la innovación. Tecnología y burocracia configuran el universo de la sociedad y el hombre
moderno. La sociedad moderna se estructura en función de una conciencia de relatividad, de una
pluralidad de visiones, y de una invasión de la racionalidad tecnológica hasta los ámbitos de la
vida privada.
La génesis de la modernidad se configura como una explosión de las energías
anteriormente reprimidas que piden o demandan un espacio para poder expandirse. De esta
expansión de tipo humanista son expresión hechos tan señalados como: Reforma protestante,
fenómeno de la Ilustración, idealismo romántico, revolución francesa, etc. En ellos asistimos a una
confrontación del hombre consigo mismo en la tarea de establecer los presupuestos sobre los que
construir su vida personal y social. Esta confrontación nos permite ir descubriendo los distintos
presupuestos sobre los que el sujeto humano edifica su peculiar proyecto de vida: afirmación del
poder de la razón y de la técnica, desarrollo progresivo de las ideas de tolerancia y libertad,
secularización creciente de las instituciones y de los sistemas de valores, posición dominante de la
subjetividad humana en el pensamiento y en la acción política, devaluación progresiva de
categorías como tradición, autoridad y dogma con ventaja de valores, como progreso y experiencia personal.
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