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martes, 22 de noviembre de 2011

Apocalipsis 4 jinetes del Postmodernismo

ARMAGEDON Postmoderno:

 Tomando como referencia las predicciones apocalípticas de la Biblia cristiana y de otras corrientes religiosas y visiones proféticas del final de los tiempos, en la obra señalamos que en esta época que transita hacia la postmodernidad, la humanidad marcha desbocada hacia lo que podríamos alegóricamente asimilar a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Tres de los cuales se encarnan en la hambruna que azota a vastas regiones del planeta, especialmente en el mundo en desarrollo; la crisis medio ambiental que está poniendo al borde del colapso a nuestra civilización; y la crisis de valores y de la ciber economía que apuntalan al sesgo economicista y excluyente de la globalización contemporánea.
Pero frente a estas realidades que, de profundizarse avizoran tiempos dramáticos para la existencia humana, hemos querido resaltar, en la última parte del trabajo, las posibilidades de salvación que tiene en sus manos la sociedad global para, cual jinete victorioso del Apocalipsis, evitar el Armagedón planetario con la promoción de un nuevo humanismo, a través de una nueva educación como fuerza salvadora del futuro.
En los tiempos de globalización y revolución tecnológica que estamos viviendo y, que en principio asoman un gran potencial de progreso para la especie humana, más de mil millones de personas padecen hambruna y más de 24 mil seres humanos mueren diariamente por inanición. Como dramático contraste, en las sociedades opulentas se desechan como basura cantidades importantes de alimentos y son frecuentes las muertes por obesidad y sobre alimentación.El fantasma del hambre se asoma como una amenaza global, consecuencia de una globalización asimétrica, del deterioro de los suelos, de esquemas irracionales de producción y comercialización de alimentos, del calentamiento global, y de la pesca indiscriminada que aunada a la contaminación, está provocando que importantes mares y ríos se encuentren biológicamente muertos, estimándose que para el 2025 dos tercios de la pesca oceánica habría colapsado.
La crisis medio ambiental, como siniestro segundo jinete apocalíptico, representa quizás la mas grave amenaza para la sobrevivencia de la especie humana. Se trata de una crisis provocada por la acción irracional y depredadora de los seres humanos frente al interés planetario que está acabando con el pulmón vegetal del planeta, y el impacto de la combustión de los hidrocarburos fósiles que contribuye, en forma determinante en la generación del llamado efecto invernadero que está acelerando la tendencia del calentamiento de nuestro planeta, estimándose científicamente que, al ritmo presente, en pocas décadas podríamos tener un incremento de 6°C promedio por encima de la temperatura actual y ese sería el último de nuestros problemas, el final de los tiempos para la raza humana.Los desastres provocados por el huracán Mitch en Centroamérica que ocasionó más de 20 mil muertos, el huracán Katrina que azotó en el 2005 el sur de los Estados Unidos, considerado como el mayor desastre natural en la historia de ese país; el deslave en nuestro Litoral Central, cuya cifra de víctimas para algunos superó las 30 mil; las terribles olas de calor que en 2003 provocaron la muerte de más de 30 mil personas en Europa, el recurrente y predecible fenómeno de El Niño, tan manoseado en nuestro país por la crisis eléctrica que nos afecta, las olas de calor en Río de Janeiro, las más elevadas de los últimos 50 años, las tormentas de nieve que han cubierto extrañamente gran parte de los Estados Unidos, las nevadas en Roma y Madrid y las bajísimas temperaturas que azotaron recientemente esas ciudades y otras partes de Europa, son sólo algunas sombrías señales que nos está dando la naturaleza de acontecimientos peores que nos esperan, si no cambiamos sensiblemente nuestro comportamiento frente al interés planetario.Sin embargo, a pesar de estas amenazas, el liderazgo mundial no parece aún estar consciente de este drama armagedónico y sucumbe a las presiones de grandes intereses económicos, movidos sólo por motivaciones crematísticas. Por ello han sido hasta ahora infructuosos los esfuerzos que se han intentado para atacar radicalmente ese problema global; así lo demuestra el reciente encuentro de Copenhague, con sus ambiguas conclusiones.El tercer jinete apocalíptico que amenaza a la humanidad está representado por la crisis ética y de valores y los problemas derivados de la ciber economía, con su orientación de fundamentalismo de mercado, ausente de una visión humanista del progreso.Son muchas las nefastas consecuencias para la humanidad de estos males. La más reciente la representa la debacle del sistema hipotecario de los Estados Unidos con repercusiones en la economía global que se expresan en depresión económica, colapso de importantes instituciones financieras, alarmante desempleo y otros nocivos efectos que están poniendo en riesgo, inclusive la estabilidad de algunos estados nacionales, como han sido los casos de Islandia y Grecia, y que fundamentalmente se derivan de un manejo anti-ético de los negocios, orientado por las ansias de ganancias ilimitadas de grandes operadores y de importantes ejecutivos financieros de negocios globales.A esto se suma la crisis de los organismos multilaterales, algunos de ellos convertidos en paquidérmicas organizaciones burocráticas, incapaces de cumplir con los objetivos originales para los cuales fueron creadas; el fenómeno de la corrupción extendida por el planeta en los estratos públicos y privados; al igual que la violencia, las recurrentes violaciones de derechos humanos, el terrorismo, el tráfico de armas y el narcotráfico y lavado de dinero.La violencia en el siglo XX revela las cifras más altas en la historia de la especie humana con más de 265 millones de muertos, producto de 2 guerras mundiales y de genocidios, purgas y hambrunas y otros hechos violentos promovidos por regímenes de ideologías totalitarias y caudillos mesiánicos.Las dos guerras mundiales y la de Corea acumularon cerca de 80 millones de muertos. Los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki cerca de 220 mil. Más de 70 millones de víctimas mortales provocó la revolución comunista china; entre los cuales 40 millones perecieron en el empeño del Gran Salto y la Revolución Cultural impulsada por Mao Ze Dong.Las dictaduras comunistas de Lenin y Stalin dejaron como secuela más de 23 millones de víctimas mortales por purgas y hambrunas. La esquizofrenia fascista de Hitler causó el Holocausto Nazi con 12 millones de víctimas, 6 millones de ellos judíos. Pol Pot, el desquiciado caudillo comunista-maoista implantó, en su alocada búsqueda del “hombre nuevo”, un régimen de exterminio genocida que, entre 1975 y 1979 llevó a la muerte a más de 2 millones de personas, la cuarta parte de su nativa Camboya, llegando al extremo de pretender erradicar toda la historia pasada del país. Todo ello ante la indiferencia de la comunidad internacional.Mas recientemente un caudillo fundamentalista islámico persa, empeñado en la carrera nuclear, al margen de los convenios internacionales, ha estado amenazando con hacer desaparecer al Estado de Israel, lo que, de intentarse podría provocar el inicio de una conflagración atómica de alcance planetario o armagedónico. Por cierto, tal y como señalamos en la obra, la palabra Armagedón, que se menciona una sola vez en el Nuevo Testamento, se deriva del nombre del Valle del Meggido en Israel (ó Har-Meggido en hebreo), en donde según las sagradas escrituras, podría iniciarse la batalla final del presente sistema de vida del planeta.La pérdida de valores y de principios éticos y el modelo económico en crisis, orientado por el fundamentalismo de mercado, han generado vicios y antivalores como el materialismo, el consumismo, el hedonismo, la promiscuidad, la crisis de la familia, el individualismo y la falta de compromiso, lo que explica los sesgos excluyentes y depredadores de la globalización, los fenómenos referidos de la violencia, el terrorismo, la corrupción y otras señales perversas de una sociedad global enrumbada inexorablemente hacia la postmodernidad como un proceso irreversible en construcción que presagia cambios profundos signados por la incertidumbre y que hereda de la modernidad una crisis de valores y del humanismo que obviamente afecta la conducta del ser humano y su comportamiento en sociedad.En esta naciente postmodernidad todo sucede y se mueve con nuevas lógicas. Todo está en cambio permanente y, en algunas áreas a velocidades exponenciales. Nada es predecible. Todo es posible. Lo único seguro es el cambio.Frente a estas dinámicas y preocupantes realidades y para asegurar la gobernanza de la globalización y evitar que la postmodernidad desemboque en una crisis global de proporciones armagedónicas, se impone incorporarle a este proceso cambios fundamentales.Se requiere entender, en un razonamiento lógico y de sentido común que para asegurar una globalización compartida y con sentido humano es necesario colocar la economía y el desarrollo científico y tecnológico al servicio del hombre y darle a la persona el papel relevante en ese proceso de profundas transformaciones. Es necesario igualmente estar consciente que frente al interés planetario, si la sociedad humana no cambia, la naturaleza se encargará de cambiar la sociedad.Todo lo anterior plantea la necesidad de promover un nuevo humanismo, impulsando la globalización de los valores, la solidaridad humana, la cultura de paz, una ética planetaria y una genuina democracia participativa como forma de hacer gobierno y de hacer política. Todo ello además como objetivo de sobrevivencia de la sociedad del Siglo XXI y como el jinete apocalíptico salvador y justiciero referido en la Biblia.Pero frente a la crisis y miserias del fundamentalismo capitalista, lo que si no tiene vigencia en el nuevo humanismo, son las viejas y fracasadas recetas del pasado, impulsadas por caudillos jurásicos y mesiánicos, promotoras del estatismo, del personalismo y del autoritarismo populista, y que históricamente han sido generadores de muerte y miseria y secuestradores de la libertad.El nuevo humanismo debe ser producto de un nuevo sistema educativo que promueva la educación en valores y el compromiso cívico y la responsabilidad social, entendiendo a la educación como la fuerza del futuro, como la define Edgar Morin. Una educación concebida en un sentido integral, para lograr los cambios, mediante la enseñanza centrada en la condición humana, en los valores de la libertad y de la solidaridad con los semejantes y con el planeta. Una educación centrada en el desarrollo de la lucidez que le permita al individuo de la postmodernidad, enfrentar con éxito la complejidad y velocidad de los cambios que acontecen en ese mundo imprevisible, que clama por un futuro de libertad, justicia y paz y requiere de un proceso compartido e incluyente de desarrollo, en armonía con el entorno planetario.

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